A principios de los años 80 una marca de tabaco, una marca de coches y algunos de los lugares más inhóspitos del planeta se convirtieron en una de las mayores leyendas del mundo del motor. Como ya muchos habréis adivinado, estamos hablando del Camel Trophy, un evento que tuvo lugar entre 1980 y el año 2000. No fue propiamente una competición de motor al uso, ya que no ganaba el más rápido, se valoraban la conducción, navegación, mecánica, resistencia física, capacidad para resolver problemas y, sobre todo, el trabajo en equipo. Equipos de dos personas representando a diferentes países debían recorrer unas 1.000 millas (1.600 km) cruzando selvas, desiertos y estepas. Más allá de conducir, los participantes debían vadear ríos caudalosos, construir puentes improvisados, reparar sus propias mecánicas y superar obstáculos naturales impracticables
Si pensamos en Camel Trophy seguro que a muchos nos vienen a la cabeza imágenes de aventura, selva, montaña, ríos, lagos… y en todos ellos un Land Rover cargado hasta los topes, la baca llena, con planchas de desatasco, neumáticos de repuesto, bidones de combustible, faros auxiliares encendidos y herramientas como palas y picos. Por supuesto pintado con el mítico color “sandglow” algo así como un amarillo arena o amarillo mostaza. Esos coches se convirtieron en imagen de marca dejando un legado estético muy ligado a la vida aventurera y de exploración.
Uno de los equipos participantes intentando vadear un río.
Land Rover no estuvo desde el inicio, ya que el primer año se utilizaron Ford U50, fabricados en Brasil bajo licencia y derivados del Jeep CJ-5. En 1981 Land Rover entra en el proyecto y aquí cambia absolutamente todo, los vehículos elegidos fueron los Range Rover ya pintados con el mítico sandglow yellow que se convertiría en una de las imágenes más reconocibles del Camel Trophy. Con esta asociación Land Rover pretendía demostrar que los Range Rover no eran tan sólo todoterrenos utilitarios, sino máquinas capaces de atravesar lugares donde prácticamente no había carreteras.
Durante los años 80, además del Range Rover, se utilizaron diversos modelos del Land Rover Series III, el mítico todoterreno que había sido concebido para usos industriales, agrícolas y militares, y también del Land Rover Defender. Ya en los años 90 comienza probablemente la época más famosa del Camel Trophy y también la utilización de un nuevo modelo, el Discovery 200Tdi. Esta fue la época y también el modelo que convirtieron a Land Rover en una Marca Global.
Bob y Joe Ives, vencedores de la edición de 1989 con el Land Rover Defender 110. Foto: Land Rover MENA / CC BY 2.0
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Para ponernos en contexto, Land Rover tenía dos modelos en comercialización, uno era el Land Rover Defender, evolución del primer Land Rover original de 1948, con muy pocos cambios estéticos y pensado para uso muy duro, un vehículo de trabajo, espartano, rudo y puramente agrícola/militar, con muy pocas comodidades y bajo confort y por otra parte tenía el Range Rover, un vehículo de lujo muy caro para el ciudadano medio. Además desde mediados de los años 80 los fabricantes japoneses (con modelos como el Toyota Land Cruiser y el Mitsubishi Montero/Pajero) empezaron a dominar el mercado global de los todoterrenos familiares. Eran coches capaces fuera de la carretera, pero mucho más cómodos, prácticos y económicos que un Range Rover. Con el Discovery pretendían ocupar un nicho completamente vacío en su gama de modelos. Crear un rival directo para los todoterrenos nipones ofreciendo un vehículo concebido para el día a día, llevar a los niños al colegio y hacer viajes largos en carretera, sin perder la legendaria capacidad 4x4 de la marca. Todo ello con un precio accesible, justo en medio del Defender y del Range Rover, atrayendo a una clase media activa y entusiasta del outdoor.
El Discovery fue el vehículo del Camel Trophy desde 1990 hasta 1998, para Land Rover tuvo un impacto en visibilidad muy grande. En una época en donde no existían las redes sociales el Camel Trophy ocupaba muchas horas de televisión, reportajes y documentales por todo el mundo donde se podía ver a esos coches amarillo sandglow cruzando ríos infestados de pirañas en el Amazonas, hundiéndose en el barro profundo de Sumatra o superando el permafrost en Siberia, dando una demostración de fiabilidad. El mensaje era transparente y poderoso para el consumidor. Si ese vehículo familiar “de precio accesible” lograba sobrevivir intacto a las condiciones más extremas y peligrosas del planeta, era más que suficiente para garantizar la seguridad de su familia en el día a día.
Land Rover Discovery Series I, equipo español, 1993. Foto: Spanish Coches / Wikimedia Commons — CC BY 2.0
Tampoco quiero decir que el Camel Trophy fue quien creó la imagen de Land Rover, ya que la marca ya tenía una reputación muy buena de fiabilidad y robustez anteriormente, pero sí que consiguió salvar económicamente a la marca ya que el Discovery se convirtió en el vehículo más vendido de la marca al abrirles las puertas del mercado de masas y de los SUV familiares modernos y en gran medida fue debido al impacto que tuvo al ser el vehículo utilizado durante varios años en el Camel Trophy.
A mi siempre me gustó y me llamó la atención todo lo que evocaba el Camel Trophy, desafío, aventura, trabajo en equipo y todo ello a bordo de un todoterreno super equipado, recuerdo ver reportajes de pequeño y quedarme pegado al televisor viendo imágenes de esos coches que tanto me llamaban la atención.
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