La temporada 1987 del mundial de rallyes fue una temporada de cambios. Marcó el inicio de la era de los Grupo A y el fin de los Grupo B, siendo el detonante definitivo de esta categoría el trágico accidente sufrido por Henri Toivonen y Sergio Cresto, precisamente ocurrido una año antes en Córcega.
A la mayoría de marcas les costó muchísimo adaptarse a la nueva normativa ya que la prohibición del Grupo B ocurrió de forma repentina en mayo de 1986 por lo que tan solo tuvieron 7 meses para diseñar, fabricar, homologar y probar coches completamente nuevos bajo un reglamento radicalmente distinto. Además cambió la exigencia de producción y este fue el gran problema para casi todas las marcas. El Grupo B requería fabricar solo 200 coches de calle para competir, mientras que el Grupo A exigía fabricar 5.000 unidades de serie de un modelo de producción masiva. Ninguna marca tenía en su catálogo comercial un coche con motor turbo y tracción integral, a excepción de Lancia que ya llevaba un año vendiendo el Lancia Delta HF 4WD.
Así llegaban a Córcega, quinta prueba del mundial, las marcas oficiales. Lancia con el Delta, Renault con los 11 turbo pilotados por Jean Ragnotti y François Chatriot, Ford con Carlos Sainz, Didier Auriol y Stig Blomqvist a los mandos del Sierra RS Cosworth y Volkswagen con Kenneth Eriksson y Laurent Poggi al volante de sendos Golf GTI. Lancia a pesar de tener el mejor coche no pudo contar con sus pilotos habituales, Juha Kankkunen y Markku Allen que decidieron no viajar como medida de boicot y no competir donde un año antes había perdido la vida su compatriota Henri Toivonen.
Carlos Sainz y Antonio Boto con el Ford Sierra RS Cosworth
Pero además de estas marcas que he citado hubo un protagonista inesperado. BMW no tenía equipo oficial para el mundial de rallies y aquí es donde entra Prodrive que a muchos quizá os suene por su posterior alianza con el equipo oficial Subaru, que acabarían llevándose títulos tanto de constructores como de pilotos años más tarde. Pero en 1987 Prodrive era una empresa con tan solo 3 años de existencia, fundada por David Richards e Ian Parry. Dedicada al diseño y preparación de vehículos de competición.
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David Richards vio la oportunidad, viendo que a las marcas el cambio de normativa les había cogido con el pie cambiado y estaban tardando en desarrollar y perfeccionar los coches decidió apostar por el BMW M3. Ellos ya estaban desarrollando este modelo para correr en circuitos en el campeonato británico de turismos (BTCC) y con esta base armó la máquina que acabaría dando la sorpresa. En lugar de diseñar y fabricar un coche polivalente para todos los rallies del mundial se la jugó todo a una carta, el Tour de Corse, tan sólo compitieron en esa prueba.
El BMW M3 había sido diseñado originalmente para brillar en los circuitos de asfalto. Prodrive diseñó un vehículo hiperespecializado para el asfalto seco. Reforzaron el chasis del M3, instalaron suspensiones de última generación y confiaron en la ligereza del coche (unos 1.200 kg) y en las bondades de su tracción trasera en carreteras con mucho agarre. Además frente a los motores turbo de Lancia que sufrían de cierto retraso en la entrega de potencia (turbolag) en las interminables curvas de Córcega, Prodrive afinó el motor atmosférico de 2.3 litros del M3. Este entregaba unos 275-300 CV de forma lineal e instantánea, permitiendo al BMW traccionar de manera inmediata a la salida de los virajes cerrados.
Para tratar de ganar el rally no solo se preocuparon de tener el mejor coche posible para las carreteras de Córcega, los pilotos elegidos fueron el francés Bernard Béguin y el belga Marc Duez, auténticos especialistas en asfalto.
Bernard Béguin con su BMW M3 en el Tour de Corse 1987
Durante la disputa del rally hubo una lucha por el primer puesto entre el Lancia pilotado por Bruno Saby y el BMW de Bernad Béguin, alternándose las posiciones. El Lancia aprovechaba la tracción total en las zonas húmedas debido a la lluvia y el BMW apretaba en los tramos más secos. En la undécima especial Saby se vió obligado a abandonar tras la rotura de la suspensión de su Lancia, momento que Bégin aprovechó para coger el liderato y no soltarlo hasta el final del rally, con el asfalto ya totalmente seco en el segundo y tercer día su ritmo fue inalcanzable para los demás, adjudicándose su primera y única victoria en el mundial de rallies.
De esta manera Prodrive lograba su objetivo y demostró al mundo la capacidad de gestión. Su victoria en el Tour de Corse 1987 fue un hito clave que años más tarde convencería a Subaru para confiarles su equipo oficial en el WRC. También sería la última (y casi la única) victoria de BMW en el mundial de rallies, aunque la alianza entre Prodrive y BMW continuó durante unos años centrándose en rallies de asfalto de campeonatos nacionales como Francia, ganando los títulos de 1989 y 1990 o Bélgica donde también se adjudicaron dos campeonatos en 1988 y 1989. También en España en el campeonato nacional tuvimos ocasión de ver competir a los BMW M3, a los cuales Prodrive suministró componentes, chasis y soporte técnico a los equipos españoles. Bajo este paraguas, el legendario piloto Pep Bassas se coronó Campeón de España en 1989 y José María Ponce hizo lo propio en 1991.
Pep Bassas con su BMW M3
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